El sexo es un tema que en mayor o menor medida interesa a todo el mundo, pero concierne absolutamente a todos porque la energía sexual nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte y es eje de nuestro desarrollo, con influencia en todos los aspectos de la vida. La polémica y controversia que existe en torno a la sexualidad desde que tenemos consciencia, recuerdo o datos históricos, debe cesar en nombre de una verdadera civilización en la que la energía sexual ya no sea manipulada por conveniencias religiosas o políticas. No tiene sentido que en la “era de la información” haya tanta desinformación, contradicciones y polémicas en torno a la sexualidad y ya es momento de superar el pánico a las tendencias, corrientes, perspectivas o ideologías de género que, entre otros asuntos, defienden el derecho a la educación sexual clara, veraz y a tiempo como la mejor alternativa para combatir todas las problemáticas derivadas de la ignorancia al respecto.
Estamos
tan mal en la materia que es imperativo implementar educación sexual obligatoria,
protegerla de fuerzas adversas y fortalecerla sobre una sólida fundamentación
de valores, para poder sortear la resistencia al cambio y la dificultad para
expandir la mente y aceptar que hay otra forma de ver las cosas, distinta a lo
acostumbrado. La educación de los hijos es un acto tan sagrado, que requiere
cambio de paradigma y de crecimiento personal para poder sanar a la humanidad y
ayudar a la evolución del planeta, y la educación sexual debe trascender sobre
los factores culturales locales porque, tal como quedó expresado en la
introducción de uno de los títulos del libro Orientación sexual desde el
hogar y la escuela de Rocío Cartagena Garcés: “Ajenos a lo regional
y/o cultural que interpreta los comportamientos humanos según sus tradiciones
ancestrales y su cultura, están los procesos biológicos del desarrollo humano
que, sin reconocer las barreras de la tradición y la cultura, cumplirán su
cometido con o sin la luz del conocimiento”.
La energía
sexual ha cumplido con su cometido, al margen de las controversias y las
discusiones estériles, hasta el punto incluso de sobrepoblar sin control el
planeta, en medio de tragedias personales y calamidades comunitarias producto
de las reiteradas negligencias tanto de la familia como de los gobiernos nacionales
en materia de educación en este campo y por eso la tarea pendiente de brindar
educación sexual en forma integral debe ser ejecutada a cabalidad.
La obra académica
de la educadora Rocío Cartagena Garcés, la serie “Vida Sexual con Valores”, se gestó
por el deseo de solucionar la carencia de material para el ciclo académico
completo desde el preescolar hasta el término de la enseñanza media de
conformidad con la legislación respectiva que, a partir de 1993, dio el
carácter de obligatoria a esta materia en Colombia. Este deseo generó
curiosidad de conocer sobre la realidad en el vecindario hispanoamericano y con
sorpresa se pudo constatar que Colombia está bien en legislación, pero no ha sido
eficiente al aplicarla para poder obtener los resultados esperados. Se pudo
concluir, además, que los contenidos de la obra son de carácter universal, lo
cual permite aplicarla en el mundo entero para apoyar las diversas realidades
en esta área, con la ventaja de que no se vislumbra en el horizonte la
posibilidad de que dicha obra pierda vigencia y se vuelva caduca, especialmente
porque está centrada en torno a la fundamentación de VALORES.
Toda
polémica dentro de círculos sociales de distintos lugares del mundo debida a la
contradicción de posturas respecto de impartir o no educación sexual, incluidos
los círculos parlamentarios, aviva la necesidad de poner en práctica las
recomendaciones de autoridades en este campo. Las noticias recopiladas y
analizadas en este libro dan cuenta de la polémica y de los matices en la
educación sexual en el mundo, manteniendo eje en el hecho de que el aspecto del
que más depende el futuro de la humanidad es su política educativa y dentro de
esta la educación sexual, que se debe vincular con la fundamentación de valores
y reforzar con el apoyo de diversos profesionales de las áreas relacionadas
porque no se puede exigir que los docentes sean expertos pedagogos, psicólogos
y médicos en temas complejos de abordar sin la debida capacitación para enfrentar
las diversas situaciones en la familia, en las comunidades y en las naciones.
Así como
no se puede esperar que una buena nutrición sea promovida por las industrias de
alimentos, y no se puede gozar una buena salud en manos de la industria
farmacéutica cuando ni siquiera es posible confiarla a los médicos, tampoco se
puede confiar en una educación sesgada que omite verdades del tamaño del
universo. Y después de recibir todo el aprendizaje necesario, solamente se
puede confiar en sí mismos, atendiendo sabiamente las respuestas y mensajes del
cuerpo porque finalmente nadie se conoce más que uno mismo. Hay que dejar
aflorar el verdadero deseo del alma, la sabiduría latente y así la propia
verdad comenzará a hacerse manifiesta y a guiarnos sin todo el ruido, la
mentira y la confusión que nos bombardea desde el exterior.
Es
importante, necesario y urgente priorizar todas las estrategias tendientes a
elevar la “energía sexual” al nivel de desarrollo que cínicamente creemos que hemos
logrado como humanos, porque incluso la gran diversidad de manifestaciones
religiosas, culturales y sociales, demuestran que no hay algún grado de
homogeneidad que permita validar el supuesto grado de civilización alcanzado.
Los países nórdicos que apostaron fuertemente por el factor educación han
potenciado significativamente su progreso, mientras que los países
subdesarrollados evidencian precisamente el efecto del descuido de este factor.
Algo contundente y global se debe hacer con un ejemplo tan claro como ese.
No se
trata de subestimar las doctrinas religiosas ni de satanizar las directrices de
los Estados, tampoco de imponer un fanatismo religioso ni un adoctrinamiento
civil estatal partidista, sino de estimular y potenciar la sabiduría de los
niños, niñas y adolescentes que muy pronto serán adultos y querrán ser
autosuficientes, lograr sus proyectos de vida incluyendo el ámbito profesional,
ejerciendo autonomía bien alineada con el libre desarrollo de su personalidad,
lo cual debe incluir el aprendizaje del respeto, la autoestima, el diálogo y la
responsabilidad, entre otros, valores sobre los que descansa la salud de la
convivencia en familia y en sociedad, lo que no se logra privilegiando exclusivamente
la tradicional avalancha de conocimientos sin refuerzo de valores.